La perspectiva de una psicologa especialista en trauma emocional

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Las personas han estado elaborando duelos durante miles de años. En otras épocas la gente se había dirigido a líderes o instituciones religiosas para que les guiaran y ayudaran a elaborar su duelo. La familia extensa solía estar cerca y los vecinos próximos ofrecían un vínculo mucho más cohesivo del que encontramos en la actualidad y ayudaban a elaborar mejor la pérdida.

Ahora ya no existe tanto compromiso social y la familia extensa es mucho más distante y no siempre está disponible. Actualmente no es común hablar de duelo, ni de dolor, ni de la muerte; convirtiéndolo en un tema tabú y haciendo más complicada su resolución. Por esta razón se hace necesario un sistema de asesoramiento y apoyo, ya sea en el funeral o con profesionales de la salud mental que puedan hacer un acompañamiento adecuado de los dolientes.En un primer momento tras la muerte de un ser querido, puede haber sensaciones de aturdimiento y choque que generen cierta disociación o distanciamiento de la experiencia; y dificultan la asimilación. El funeral se convierte en un vehículo para comenzar a disolver estrategias defensivas como la evitación o la negación, típica de las primeras etapas del duelo. Ver el cuerpo, hablar de lo sucedido una y otra vez, y preparar una despedida ayudan al doliente a dejar de rechazar la realidad y empezar a elaborar la pérdida.

Elaborar un duelo es una forma de ayudar a las personas a reconectar con la vida, afrontar la realidad e ir poco a poco recomponiendo esos aspectos más fragmentados de la experiencia de pérdida. La elaboración y preparación del funeral se convierte en una herramienta de conexión e integración de la experiencia.

Como hemos apuntado anteriormente, la organización del funeral por parte de los familiares ayuda a hacer real la pérdida y puede dar la oportunidad a la gente para expresar pensamientos y sentimientos respecto al fallecido. Trabajar en la elaboración del funeral permite la conexión emocional y la integración de la nueva realidad en la vida de los sobrevivientes. Cuando la organización se hace por parte del enfermo el trabajo recae en la aceptación de la muerte, y la expectativa de continuidad de funcionamiento del entorno próximo una vez el fallecido está ausente.

La ceremonia tras la muerte puede ser una reflexión sobre la vida de la persona que se ha ido, ayudando a aceptar la realidad de la pérdida y trabajando sobre la defensa de la negación; muy frecuente en estos primeros momentos. El duelo es un proceso social, y como tal, el hecho de sentir apoyo y poder verbalizar la experiencia va a ser fundamental para su resolución.

Los homenajes en fechas especiales o los recuérdame, ayudarían a facilitar la recolocación emocional del fallecido. Según Worden (2004) recordar es una manera de despojarse de la energía emocional relacionada con el fallecido. Además, ayudarían a perpetuar una red de apoyo que puede ser extremadamente útil para facilitar el duelo.

Un concepto de funeral como el de LAP Funerals, ayudará a las personas a establecer un vínculo más cercano con la realidad, a disminuir los procesos disociativos y a elaborar mejor las emociones relacionadas con la pérdida, dando tiempo y espacio para la elaboración y la expresión emocional. El acto funerario es una oportunidad para afrontar la realidad y es una forma de comenzar a sentir la pérdida.

Raquel Molero

Psicóloga de Adultos. Directora de ARA Psicologia. Especialista en Trauma Emocional y Personalidad.

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